El proyecto parte de la transformación de un local existente, originalmente concebido para un uso genérico y con una relación limitada con el espacio público, en un centro social abierto, accesible y flexible, capaz de acoger actividades comunitarias diversas.
El edificio presentaba una estructura sólida y un buen estado general, pero su organización interior y su fachada no respondían a las nuevas necesidades de uso colectivo. La intervención se plantea como una rehabilitación integral, orientada a mejorar la funcionalidad, el confort ambiental y la relación entre interior y exterior, sin recurrir a gestos formales excesivos.
Uno de los objetivos principales fue activar la planta baja como espacio de encuentro. Para ello, se reorganizó el interior priorizando espacios diáfanos, fácilmente adaptables a diferentes actividades: reuniones, talleres, formación, encuentros informales o uso cotidiano por parte de distintos grupos. La distribución evita compartimentaciones rígidas y favorece una lectura clara y continua del espacio.
La fachada se concibe como un elemento clave del proyecto. La ampliación de las carpinterías y la incorporación de grandes paños acristalados permiten hacer visible la actividad interior, reforzando la sensación de apertura y pertenencia. El edificio deja de ser un volumen cerrado para convertirse en un lugar reconocible y acogedor, que invita a entrar sin necesidad de señalización explícita.
A nivel constructivo, la intervención mejora el comportamiento térmico del edificio mediante nuevas carpinterías de altas prestaciones y una actualización de los cerramientos, aumentando el confort interior y reduciendo la demanda energética. Los materiales se eligen por su durabilidad, bajo mantenimiento y carácter neutro, buscando un lenguaje contemporáneo pero sobrio, capaz de envejecer bien con el uso.
El espacio exterior inmediato se entiende como una extensión natural del centro social, un lugar de estancia y transición donde sentarse, conversar o simplemente pasar. La relación entre arquitectura y vida cotidiana se convierte así en el verdadero protagonista del proyecto.
El resultado es un edificio rehabilitado que no pretende destacar por su singularidad formal, sino por su capacidad de adaptarse, acoger y generar actividad social, ofreciendo un marco arquitectónico claro, luminoso y funcional al servicio de la comunidad.

